lunes, 16 de marzo de 2020

Capitulo 1

Mi materia favorita siempre fue la literatura. Tuve suerte siempre realmente. Mis padres siempre me mandaron a buenos colegios, para ese momento iba al Instituto Santa Cecilia, teníamos una profesora, no recuerdo su nombre, que amaba lo que hacia. Esa mujer me enseño a leer, enteder, imaginar, crear un mundo paralelo, y usar todo y cada área de mi cerebro.
Hay cosas que aprendí sola, como esa. Era tan chiquita y ya tenia algo que me identificaría para toda mi vida. Y nada encajaba mejor porque siempre fui tan sensible, tan emocional, siempre tuve claro que corría sangre por mis venas.
Me encontré repitiéndome mucho a lo largo de este mes "Tu virtud también es tu gran defecto". ¿ Cómo hago? Soy yo misma y pago el precio? O más bien me arriesgo a la satisfacción de hacerlo bien sin esperar nada a cambio, darte un beso en la frente y dejarte ir.
Me empece a percibir como un libro, uno que cuenta la novela nada mas y nada menos que de mi propia vida. Esta trama a veces amarga, otras veces agridulce, que tengo que empezar a abrazar y aquietar. Primero porque nada de lo que se percibía tan trágico lo fue, mas bien es un mal necesario, todo aprendizaje deja una marca, esta que también cuenta la historia y me permite no volver a repetirla para contar otras nuevas.
Empece a apreciarlos porque entendí que la única riqueza hace tiempo eran mis recuerdos. Del aprendizaje mas amargo brota la abundancia.
Tus labios rosáceos y presuntuosos después de 10 hs de sueño. Tus ojos cuando entras en sueño profundo. Me gustaba mucho en cierto momento de nuestra convivencia en uno de tantos hogares, poder apreciar el largo de tus pestañas que cambiaban de color en el nacimiento de estas, el sol de las 8 de la mañana rasgaba los ventanales y solo Dios sabe que placer poder apreciarte en plena luz del día.
Los matices de tu barba. Tu torso blanquecino con pecas y lunares.
El sabor de tu labios en la cumbre de la pasión.
El olor de las sabanas limpias.
El picante de la salsa.
Los cerros por la mañana.
El agua tibia de la pileta.
El te amo de mi hijo después de una jornada larga de trabajo.
Mi torta de cumpleaños y Milton quedándose
dormido para soplar las velas.
Sentir frio en invierno para guarecer en el medio de la cama de mis padres.
Ver a Leonardo a la salida de mi trabajo.
Viajar con el hasta la casa.
Mirar una peli en la cama con Pablo y Maria. Desayunar con ellos un domingo.
Hacer amigos en el hostel que tal vez jamas vuelva a ver.
Aprender a cocinar.
Aprender a vivir con mi soledad y la distacia que me separa de los que amo.

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