Estoy manipulando tanta información que me explota la cabeza.
Agradecida de vivir cada día intensamente.
Sentirse muerto tanto tiempo hace que experimente mucha pasión en cada cosa que hago por más mínima que sea. Pasión y análisis.
Estoy muy analítica.
El hostal cerró así que volví al núcleo familiar otra vez.
Entendiendo que muchas de las situaciones que creíamos resueltas pueden modificarse en un momento.
Soltando los hermosos días vividos allí pero muy satisfecha con el resultado final.
Me limite a vivir en tiempo presente minuto a minuto.
Conocí personas hermosas, aprendí danza aérea por mi propia cuenta, hice buenos amigos y tuve sexo con alguien que me gustaba mucho. Modifique mis hábitos alimenticios, forje una relación tan estrecha con la comida y el ejercicio diario que empecé a entender tan a fondo el enigma de la violencia que me rodeo siempre.
En este proceso puntual empecé por perdonarme, atar todos los cabos sueltos y despedirlos con amor y sin culpa.
Encontré tantos ejes centrales, que de a momentos siento tanta pena de sus orígenes.
Me topé muy de cerca con la violencia. Y hago incapié en ella porque es la artífice de innumerables hechos que marcarán mi vida para siempre.
La trama puntual resonando a lo largo de estos 15 días fue que asumí un montón de realidades que defendí con convicción como verdades y a raíz de ello me hice e impartí muchísimo daño.
Todo el maltrato lo naturalice en mi niñez, en tantos escenarios que el espectro de esos traumas me hicieron mamá soltera, entre otras.
Mi idea de una familia estaba ligada intrínsecamente a la violencia.
En mi niñez se creo un concepto del amor que estaba muy ligado a "aguantar".
Amar era soportar.
Soportar golpes, infidelidades, mentiras, enfermedades, encierro, abuso, angustia, dolor, llanto.
El amor para mi siempre fue la esperanza de que algún día iba a ver la luz al final del túnel.
A base de este razonamiento pude responder una incógnita que se manifestó varios años de mi vida adulta.
Un bulto menos en la mochila.
Trate de desmenuzar cada uno de los actos violentos que encontré en mi vida, y tan disparatado como perturbador me vi a mi misma ejerciendo la mayor violencia sobre mí.
En estos días sentí la necesidad de pedirme disculpas por PERMITIR, y hoy me pido disculpas por SUPONER que permití cosas.
No las permití, más bien el otro era un honesto reflejo de todas las cosas que yo misma me hacía.
Mamá, Papá, hermanos, Agustín, Alejandro, Andrés, Ale, todos ellos son una fracción de mi costado más oscuro.
Tanto tiempo mal invertido echando culpas me colocó a una gran distancia física de todas las personas que son un fragmento importante en la confección de la historia de mi vida y ahorita mientras despedido y perdono una aflicción lidio con los demonios de la otra: NO HABERME DESPEDIDO, NO HABER ABRAZADO FUERTE Y PEDIR SINCERAS DISCULPAS, NO PODER ENTENDER LO QUE ENTIENDO AHORA.
Me quedan largos días de suavizar la vergüenza que siento ahora por todo lo que entendí y no puedo arreglar, para enterrar a cada Evelin que se quedó ahí y darle espacio al perdón que regará las nuevas raíces de la mujer que volvió florecer en mí. que tal vez no sea la mejor, pero el panorama que propone es más esperanzador que el de las otras.