Sabes un día vi como el mar se unia con el sol y dibujaban fuego en el cielo.
Otro, fui a una playa dónde habían monitos que comían de mi mano, me miraban confusos, inseguros pero al bajar tomaban la fruta de mi mano para volver a la cumbre del árbol.
También he conocido gente maravillosa.
Cuando tomé la determinacion de irme de mi casa me fui a vivir a un hostal y en el momento en el que yo había llegado una de mis compañeras se estaba yendo, era italiana, no recuerdo su nombre.
Me habian asignado la habitación de huéspedes en esa transición, era una habitación de 12 personas pero estaba vacía.
Tiempo después conocí a Natalie quien me acompaño por aproximadamente dos o tres lindos meses.
Natalie se convirtió en mi mejor amiga.
Me enseñó a cocinar y experimentar nuevos sabores, que surgía de la mezcla de sus colores. Gradualmente me ayudó a dejar de comer carne, y no usar azúcar.
Todo lo que podía cocinar con 10 mil pesos.
Lo lindo que era cenar sola.
Tomar batido de mango.
Socializar con los huéspedes.
"Déjate querer".
Me enseñó el desapego el día en que se fue.
Cuando volví a la ciudad conseguí un lindo trabajo.
Con mi primer salario compré un reloj.
Aún lo conservo con el mismo amor que lo compré.
Mi primer reloj casio...
Aprendí a hablar otro idioma.
A los ponchazos, pero lo practicaba.
Había trabajado muy duro para pagar mis clases e intentaba no faltar. Para practicar hablaba con los clientes y les pedía a mis compañeros de trabajo que me hablaran en inglés. Es que en mi país me habían enseñado que no necesitaba aprender otro idioma para resfregar platos.
Rente el apartamento donde vivo.
Usé el dinero de mis vacaciones y con la propina que había hecho compré todo lo que me hacía falta para vivir en él.
Me enamoré de un muchacho que me amó por un periodo corto de tiempo. Fuimos buenos amantes y grandes amigos, nunca discutimos.
Él me mostró los matices que tiene amor.
Fue mi primera experiencia desinteresada.
Tantas veces había escuchado que eso no era posible porque yo no era suficiente o simplemente porque no podía lograrlo, y por supuesto, porque esas cosas no le suceden a la gente que crece en un barrio con calle de tierra.
Quien crecía en la desdicha de una casa humilde y una familia des constituida no era merecedor de grandes aspiraciones, ser amado, no ser maltratado, tener un buen salario, formar una familia.
Yo me lo creí durante 27 años y he pagado con creces las consecuencias de ello.
Quiero confesarte querido hijo mío que nada era cierto.
Que todos los imposibles se vuelven posibles cuando tus sueños son más grandes que tus miedos, habrá gente con amor en el corazón esperando por ti. Tendrás todas las posibilidades que tú te permitas tener y yo siempre estaré al final del camino esperando por ti.
Secaré tus lágrimas, te meceré en mis brazos, cantaré una canción de cuna si aún la ocupas, susurraré a tu oído lo especial que eres desde que naciste... Te recordaré hasta mi último suspiro de lo que eres merecedor y del gran cambio del que formas parte.
Eres mi máxima creación.